Fernando VII y su tiempo

(Entrevista publicada en el diario La Mañana, Lleida, 2/8/2008, en ocasión del ciclo de conferencias sobre la Guerra de la Independencia en el Centro Cultural de La Caixa. Entrevistador: Diego Aránega)

Fernando VII de Borbón (1784-1833) fue el Rey Deseado, pero acabó siendo el Rey Felón. Hijo y sucesor de Carlos IV, pocos monarcas disfrutaron de tanta confianza y popularidad iniciales por parte del pueblo español. Sin embargo, pronto se reveló como un soberano absolutista, y uno de los que menos satisfizo los deseos de sus súbditos, que lo consideraron vengativo y traicionero. Rodeado de una camarilla de aduladores, su política se orientó en buena medida a su propia supervivencia. Paradójicamente, abrió la puerta al sistema constitucional. Sus partidarios le gritaban: “!Vivan las cadenas”!.

- D.A.:¿Vivan las cadenas?

- G.B.: La frase es de 1814, cuando se acabó la Guerra del Francés. De regreso a España, Fernando VII fue recibido por los partidarios del absolutismo que gritaban “!Vivan las cadenas!” como expresión de apoyo al rey absoluto.

- El Rey Felón.

- Fernando VII tiene dos imágenes opuestas: por un lado, se le llamó el Deseado porque se tenía la esperanza de que fuera mejor que su padre, Carlos IV. Pero una vez que gobernó y repartió bofetadas a troche y moche, su reinado fue considerado muy negativamente.

- Fue un desastre.

- Casi todo el mundo coincide en que fue mal rey, mal hijo, mal padre, traidor, hipócrita, adulador…

- ¿Nada positivo?

- Fue una persona con una gran voluntad de poder: todos sus actos perseguían mantener su poder absoluto. Y para ello no dudó en traicionar a su padre o en adular a Napoleón. También ordenó fusilar a sus enemigos y, además, cerró universidades, no ayudó a las industrias y perdió el imperio de ultramar. Cuesta encontrar algo positivo en su reinado.

- ¿Nada de nada?

- [Se ríe] Hay una paradoja que es interesante en este rey. Su afán de mantener su dinastía fue tal que cambió la ley para que acabara gobernando su hija, Isabel II, en detrimento de su hermano. Sin querer, Fernando VII fue uno de los primeros impulsores de la equidad de género. Además, su hija contó con el apoyo de grupos antiabsolutistas, de manera que al gobernar se produjo una apertura constitucionalista. Fue, de hecho, un primer paso para acabar con el absolutismo.

- ¿Fernando VII dejó España hecha unos zorros?

- Fernando VII fue el último exponente de un proceso de decadencia en España. Hay que decir , sin embargo, que no todo fue negativo en este periodo. Por ejemplo, en Catalunya hubo un cierto crecimiento económico en el siglo XVIII, pero debido a la población, que era emprendedora. Las universidades, en general, eran desastrosas, pero en Barcelona había algunos centros de estudios importantes, aunque también es un logro de los catalanes. En definitiva, en el siglo XVIII, la monarquía hizo poco o muy poco por el bien de España.

- Pero siguen…

- Sí, pero ahora hay una diferencia muy importante. Antes, los monarcas reinaban y gobernaban, pero ahora reinan y no gobiernan.

- ¿Fernando VII y Napoleón siempre se estuvieron engañando?

- Durante el siglo XVIII, España y Francia eran aliados, pero después de la Revolución Francesa las cosas cambiaron. Pese a todo, tanto Carlos IV como Fernando VII se fiaron de Napoleón para que les ayudara a reinar. Pero Napoleón, que creía en la decadencia tremenda de España, decidió prescindir de ambos y de ahí la invasión. La entrada de tropas francesas en España respondía a una plan para el reparto de Portugal.

- !Vaya tiempos!

- Realmente no eran buenos tiempos para la gente. Si el rey declaraba la guerra, reclutaba a la población para que luchara. Y si necesitaba dinero, exprimía a los más pobres.

- Pese a ser absolutista, delegó el gobierno en validos.

- Esa es una característica de todos los reyes absolutistas, que delegan el gobierno en personas de confianza y en su camarilla. Después los hay más o menos personalistas.

- ¿Qué repercusión tuvo la pérdida de las Américas?

- Fue muy importante. Por ejemplo, para Catalunya, que tenía importantes relaciones comerciales con las colonias. Además, la monarquía española se negó a reconocer a las nuevas repúblicas americanas de manera que se bloqueó todo el tráfico legal de productos.

- ¿Cómo estaba Catalunya por aquel entonces?

- En 1714, Felipe V desmontó todas las formas de gobierno catalanas derivadas de la Edad Media. De tener un estado propio, aunque bajo el mismo reinado, se acabó por liquidar las instituciones catalanas. Por eso, durante el reinado de Fernando VII ya no existía ninguna forma de autogobierno.

- Dicen que sufría una malformación…

- Se han analizado sus ilustraciones y se puede apreciar que sufría una malformación del cráneo, que seguramente le afectaba al oído, al olfato y al intelecto. Hay una anécdota al respecto: Se casó por primera vez con una napolitana y el médico de la princesa pensó que no podrían tener hijos porque él era muy obeso y tenía una voz amanerada que le hizo pensar que no tenía la suficiente virilidad. Y la verdad es que se casó cuatro veces y de estos matrimonios sólo surgió una hija y algunos abortos.

- Me refería a que sufría una hipertrofia genital.

- Con este tipo de personajes a veces nacen leyendas negras que no puedes saber si son ciertas. Hay muchas contradicciones. Por ejemplo, se dice que tardó un año en mantener relaciones sexuales con su primera esposa y que al final le presionaron para que tuviera descendencia. Sin embargo, también se ha dicho que su tercera mujer fue muy religiosa y que él recurría a muchas amantes.

- Crónica rosa.

- Sí, aunque lo que está claro es que hacia 1820 una de sus obsesiones era tener descendencia porque quería, a toda costa, que su dinastía mantuviera el poder.

(La transcripción incluye algunos matices al texto publicado).

Memòria i mite dels setges de Girona, 1808-2008 (2008)

- Genís Barnosell, “Memòria i mite dels setges de Girona, 1808-2008″, VVAA, Girona i la Guerra del Francès (1808 – 1814), Girona, Ajuntament de Girona, 2008, pp.145-163

En aquest text es descriuen com a mítiques la majoria d’interpretacions dels setges de Girona que han estat utilitzades entre 1808 i l’actualitat. També s’analitzen diversos elements d’aquest mite, com ara la qualificació de Girona com una ciutat indefensable, la suposada unanimitat entre el poble gironí i la guarnició militar i la qualificació de la defensa gironina com a heroica. També s’insisteix en el fet que aquest mite ha estat usat per autors de tendències ideològiques molt diverses, des de l’espanyolisme al catalanisme, i des de l’integrisme al republicanisme i el comunisme.

També disponible en versió digital a Internet

Girona i la Guerra del Francès (1808 – 1814)

Acaba de sortir publicat per l’Ajuntament de Girona el llibre que recull el cicle de conferències que amb el títol de “Girona i la Guerra del Francès (1808-1814)” va tenir lloc a l’Arxiu Municipal abans de l’estiu. En les conferències hi van participar (per ordre d’intervenció) Jordi Bohigas, Anna M. Garcia, Lluís M. de Puig, Rosa Congost, Ramon Ripoll i Genís Barnosell. El llibre compta amb un pròleg de l’alcaldessa de Girona, Anna Pagans, i una introducció de qui signa aquestes línies, que també va coordinar el cicle.
Les conferències, i ara el llibre, pretenien oferir tant una nova visió de la Guerra del Francès a Girona, com estimular les recerques sobre vies més científiques que moltes de les que hi ha hagut fins a l’actualitat. Per això es dediquen capítols a les fonts disponibles, a Napoleó, als setges de la ciutat, a les seves conseqüències socials, econòmiques i urbanístiques, i als mites construïts sobre tots aquests fets i que han tingut una llarga pervivència.
Cal destacar, per altra banda, que el Servei de Gestió Documental, Arxius i Publicacions de l’Ajuntament de Girona, que és l’organisme que edita el llibre, manté també una pàgina web molt activa on dóna compte de totes les activitats que sobre el Bicentenari es produeixen a la ciutat.

Catalunya y el Estado Asimétrico

(Traducción del artículo aparecido en el diario catalán El Punt, 9/7/2008)

Uno de los argumentos más habituales en el debate actual sobre la financiación de las comunidades autónomas es que cualquier medida aplicada a una comunidad autónoma debe ser aplicable al resto. Las soluciones “asimétricas” -aquéllas que no son iguales para todo el mundo-, se dice, no son ni viables ni justas. Y sin embargo, el Estado español es verdaderamente asimétrico -en una situación que se justifica habitualmente con razones históricas, geográficas y políticas.

La más comentada de las asimetrías españolas es la del País Vasco y Navarra. Como señalaba orgullosamente el lehendakari Ibarretxe a raíz de la publicación, en el 2002, de la ley de renovación del concierto económico, “no existe en toda la Unión Europea, ni siquiera en los Estados de corte federal o de una mayor raigambre descentralizadora, ningún caso como el de la Comunidad Autónoma Vasca -y la Comunidad Foral de Navarra-, en el que unas entidades distintas de los propios Estados tengan capacidad para regular el conjunto de su sistema tributario y la práctica totalidad de las figuras impositivas que constituyen dicho sistema”. Es este un sistema de práctica “independencia fiscal” (en expresión del diario El País) que -continuando con lo que escribía el lehendakari- es justificado con argumentos historicistas: se trata de un “pacto” “bilateral” con “España” que reconoce una realidad histórica, una soberanía, anterior, no ya sólo a la Constitución sino al mismo “proceso de construcción unitaria de lo que hoy es el Estado español”. La referencia a Navarra no es casual. Allí el lenguaje es diferente. La web del gobierno navarro, en manos de la Unión del Pueblo Navarro – Partido Popular, se contenta en señalar que el “convenio económico” se hace entre Navarra y “el Estado” -y deja de lado, por lo tanto, la ficción que la comunidad autónoma no forma parte de España. Tampoco se insiste en la bilateralidad. Pero los argumentos de fondo son los mismos: el origen se encuentra en la ley, “paccionada”, de 1841 “mediante la cual el Viejo Reino se incorporó a la estructura del Estado conservando su capacidad para establecer sus propios tributos”, y la Constitución Española no hace más que “respetar” y “amparar” los “derechos históricos de Navarra”. Los resultados, también lo son.

Menos conocido, el régimen fiscal canario incluye un conjunto de incentivos fiscales que en su última renovación (2007) inyectarían a la economía canaria más de 7.000 millones de euros de beneficio fiscal y que, según Coalición Canaria, suponen “el máximo nivel de ayudas posibles en estos momentos, con mecanismos novedosos potentísimos” que “no tiene ningún otro territorio ni siquiera de Europa”. Según el Ministerio de Economía y Hacienda, es un sistema propio del “acervo histórico” de Canarias -es decir, que forma parte de un conjunto de bienes morales y culturales acumulados históricamente- y reconocido constitucionalmente, basado en la libertad comercial de importación y exportación, en la no aplicación de monopolios y en franquicias aduaneras y fiscales sobre el consumo. Asimismo, la “localización geográfica” de Ceuta y Melilla justifica, según el Ministerio de Economía y Hacienda, “un régimen fiscal especial” que, entre otras medidas, supone la bonificación del 50% de la cuota correspondiente a los rendimientos generados en las dos ciudades.

También podríamos hablar del curioso reparto de las competencias de educación. O de la existencia sólo en Catalunya y el País Vasco de policías autonómicas. Sin embargo, la otra gran asimetría la constituye Madrid. Ciertamente, en nuestro entorno cultural las capitales asumen papeles muy relevantes en todos los estados. Pero que eso sea habitual no quiere decir que sea “natural”. Al contrario, la cuestión es que las decisiones políticas favorecen a unas ciudades por encima de otras. Así, en Madrid se concentran las principales instituciones del Estado, disfruta de una tasa de ejecución de los presupuestos estatales elevadísima y francamente infrecuente en el resto de comunidades autónomas, continúa organizando las grandes infraestructuras en provecho propio, y, en tiempo de globalización y de terciarización, concentra buena parte de las sedes de empresas multinacionales, que ya no necesiten estar cerca de las materias primas o de la producción, sino cerca del poder para influir en él. Analizando la estructura radial de los trenes españoles del siglo XIX, que empezaban todos en Madrid, un gran historiador como Josep Fontana ha ironizado diciendo que estos trenes no podían llevar del centro otra cosa que ejemplares de la Gazeta (o sea, del BOE de la época). Ahora el TGV también se construye de la misma manera, pero Madrid ya no es la ciudad improductiva que era sino un gran centro económico con aspiraciones de ser uno de los nudos del mundo en red del siglo XXI, cuando Barcelona no puede ni soñarlo.

Aunque Catalunya continúa siendo un territorio dinámico que tiene grandes potencialidades, no está especialmente bien situada en este juego de asimetrías que constituye la España actual, aunque amplios sectores de la opinión pública y publicada piensen o quieran hacernos creer que piensan lo contrario. Como comunidad de régimen común, financía buena parte de la «solidaridad» del Estado. Pero no parece que el Estado español esté muy dispuesto a impulsar la multipolaridad económica, sino que en gran parte continúa apostando por la unipolaridad, centrada en Madrid, mientras que las reivindicaciones catalanas son cada vez peor vistas. Y nada de todo eso parece que tenga que cambiar a corto o medio plazo. ¿Sabrá, o podrá, Catalunya desarrollar los mecanismos necesarios para garantizar el bienestar de su ciudadanía y mantener su posición puntera, al menos en España?

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