Entre el liberalismo y el saint-simonismo: J.Andrew de Covert-Spring

- Genís Barnosell, “Entre el liberalismo y el saint-simonismo: J. Andrew de Covert-Spring”, a Manuel Suárez, editor, Utopías, quimeras y desencantos. El universo utópico en la España liberal, Ediciones de la Universidad de Cantabria, Santander, 2008, pp.2008, pp.113-157.

El text analitza la biografia de Joseph Andrew de Covert-Spring entre 1828 i 1837. Covert-Spring va ser el pseudònim d’un militar espanyol que va prendre contacte amb el saint-simonisme en 1828/29, i que entre 1835 i 1837 va residir a Barcelona. A la ciutat comtal va desenvolupar una intensa activitat intel·lectual i política a través de la qual va divulgar elements bàsics del pensament saint-simonià, constituint sens dubte un projecte polític i social original a la Barcelona de l’època.

Tanmateix, un requisit imprescindible per portar-lo a la pràctica era la consolidació d’un estat constitucional, amb sufragi censatari i un poder executiu fort, que garantís en el present la llibertat individual i que pogués iniciar les reformes necessàries per arribar a un futur millor. Les exclusions de gènere i classe en el present eren fonamentals en aquest projecte i la participació dels “pobres” es deixava per al futur i la de les dones per a un futur més llunyà encara, malgrat que tant en un cas com en l’altre es projectaven reformes perquè, amb el temps, s’acabés amb l’”explotació” que sofrien ambdós grups. Aquest projecte es va difondre a través d’un grup coherent d’escriptors en els quals la influència romàntica i la seva concepció de la utilitat pública i revolucionària de l’art era molt fort.
Enfrontat, tanmateix, a la problemàtica de l’elaboració de la constitució de 1837, Covert-Spring va identificar els projectes democràtics d’ampliació del sufragi masculí com l’arribada de l’”anarquia”, i el seu pensament i acció política van sofrir canvis conceptuals, d’èmfasi i de companys polítics molt significatius, evolucionant cap al moderantisme. Aquesta evolució va ser, sens dubte, coherent amb molts dels punts de partida saint-simonians, però això no significa que aquesta evolució fos l’única possible, ni tan sols l’única coherent amb el saint-simonisme. Com mostren els seus dubtes de desembre de 1836 o les propostes d’altres escriptors, com Pere Felip Monlau o Pere Mata, una evolució menys dogmàticament antidemocràtica també hagués estat possible, sense per això vulnerar els principis saint-simonians en una mesura major del que els va vulnerar l’evolució moderada.

Los sitios de Girona de 1808 y 1809

Traducción del artículo aparecido en el gerundense Diari de Girona en 20/7/2008

La guerra de sitios y sus mitos

Genís Barnosell (profesor de historia contemporánea en la Universidad de Gerona)

Durante la guerra de 1808 – 1814, se produjeron en las comarcas gerundenses un gran número de pequeñas escaramuzas y unas cuantas batallas campales, pero la característica fundamental del enfrentamiento en estas tierras fue sin duda la guerra de sitios. Ésta se producía cuando un ejército con inferioridad de condiciones se refugiaba en una fortaleza o ciudad amurallada para hacer frente a un ejército superior. Entonces, éste se situaba en las afueras y los invitaba a rendirse. Si eso no se producía, empezaba la excavación de trincheras y la instalación de su artillería para bombardear la ciudad. Con el bombardeo se quería acobardar a los resistentes, desmontar su artillería y derribar las murallas. Una vez alcanzado este objetivo, se asaltaba la ciudad con la infantería a través de las brechas abiertas en las murallas, hecho que implicaba un número elevadísimo de bajas si dentro de la ciudad aún resistían unos cuantos defensores -hecho que muestra una vez más el enorme desprecio que los oficiales, normalmente nobles o acomodados, sentían hacia la tropa, plebeya o pobre. Los sitiados, desde dentro de la ciudad, intentaban retrasar las tareas del ejército asaltante, esperando que la llegada de refuerzos exteriores permitiera levantar el sitio.

En las comarcas gerundenses se dieron un gran número de sitios y, además, uno de ellos -el de Gerona durante los meses de mayo y diciembre de 1809- merece ser contado entre los más largos de todas las guerras napoleónicas. El importante número de asedios que se dieron en aquellos años se explica por el elevado número de puntos fortificados que protegían la tradicional ruta de entrada a la Península: Roses (con su ciudadela y el Fuerte de la Trinitat), Figueres (con Sant Ferran), Girona (“llave” tradicional de la ruta), y Hostalric (a medio camino de Barcelona). A excepción de Sant Ferran, ninguna de estas fortalezas se entregó sin combatir y eso implicó que el ejército francés las tuvo que tomar después de sitiarlas y bombardearlas. Roses resistió un primer ataque en julio de 1808 y se rindió el 6/12/1808 después de un asedio de un mes. Gerona resistió un ataque el 20/6/1808 y un primer sitio que tuvo lugar entre el 22/7 y 17/8 de 1808, y no capituló hasta el 10 de diciembre de 1809, después de un segundo sitio de siete meses. Hostalric fue evacuado por la guarnición española el 12/5/1810, después de resistir cuatro meses y del saqueo de la villa en noviembre de 1809. Sant Ferran cayó sin disparar un solo tiro en marzo de 1808 pero fue recuperado por los resistentes catalanes con un audaz golpe de mano en abril de 1811. Entonces los franceses asediaron el castillo y lo volvieron a tomar en agosto.

Ya he dicho que entre todos los sitios, el que quizás merece más atención es el de Gerona de 1809, a causa de su larga duración, que exige una explicación compleja. Para darla, hay que hablar antes de los mitos que se han construido sobre aquellos hechos. Durante muchos años, un grupo de autores que va de Manuel Cúndaro en la primera mitad del siglo XIX a Emili Grahit a finales del mismo siglo, o Pla y Cargol en el siglo XX -o Carles Rahola en no pocos aspectos- coincidieron en una serie de interpretaciones que ahora se demuestran totalmente inadecuadas para entender la realidad. En síntesis, se sostenía que Gerona era una plaza fuerte indefendible, que el pueblo gerundense y el ejército se mostraron siempre unidos, y que (como sustituto de las murallas y los fuertes, que no eran suficientes) los gerundenses mostraron un coraje casi sobrenatural que permitió resistir durante muchos meses al mejor ejército del mundo.

Sin embargo, la realidad era bastante más compleja. Así, si bien es cierto que las murallas medievales de Girona eran claramente anticuadas, la geografía del lugar implicaba que el ataque sólo fuera posible por la zona del Mercadal o por Montjuïc. La amenaza de riadas -cómo efectivamente ocurrió- y el fácil acceso desde el camino de Barcelona desaconsejaron a los franceses el montar su artillería en la zona comprendida entre Fornells y el Ter, de manera que sólo les restó la posibilidad de atacar por Montjuïc. Eso situaba el grueso de sus almacenes sobre su línea de comunicación con Francia, y el Ter serví de línea de defensa contra el envío de refuerzos desde el Sur, pero implicaba también atacar por la zona con defensas más modernas y en un terreno donde era muy complicado el excavar las trincheras. Las tropas desplegadas por el Imperio francés, además, no eran, ni de lejos, las mejores del mundo. Tenían porcentajes muy elevados de reclutas poco fogueados, y, por lo tanto, con escasa capacidad de combate. Eran más multinacionales que otros cuerpos de ejército, y, por lo tanto, con dificultades de coordinación. Y la rivalidad entre sus mandos llevaron a la ofensiva prácticamente al fracaso en diversas ocasiones. A partir de agosto de 1809, habían sufrido tantas bajas y estaban tanto afectadas por las enfermedades que su capacidad de combate se redujo al mínimo -de manera que la situación se estabilizó en una especie de empate, en el que los defensores de la ciudad no tenían capacidad de romper el sitio, mientras que os atacantes tampoco podían arriesgarse a un nuevo asalto.

Los efectivos que defendían Gerona, por otra parte, eran bastante reducidos (en torno a 8.000 hombres en los momentos con más efectivos, por 38.000 soldados asediantes), muchos con poca experiencia de combate. Hubo, sin embargo, dos factores que jugaron a favor suyo. En primer lugar, los ejércitos atacantes tenían que ser siempre mucho mayores que los asediados (de tres a siete veces mayores), porque, como ya he dicho, en los asaltos en las ciudades se producía un gran número de bajas. En segundo lugar, entre las tropas que defendieron Gerona había un núcleo de tropas profesionales que fue suficiente para organizar la defensa, instruir a los novatos y enfrentarse, en los momentos decisivos, a aquellas unidades imperiales mejor preparadas. Esto no implica que contaran con el apoyo unánime de la población. Más bien, aparte de los convencidos (que también hubo, y no pocos), la “unanimidad” en la ciudad fue mantenida con mecanismos muy clásicos de disciplina militar -como aplicar la pena de muerte a cualquier desertor o “sedicioso”, incluidos aquéllos que simplemente manifestaban la voluntad de rendirse.

Finalmente, la historiografía tradicional suponía que los gerundenses “eran” -sin dudas ni vacilaciones de ningún tipo- valerosos y heroicos y que por eso resistieron todo tipo de penalidades en defensa de la ciudad. Los estudios de la segunda mitad del siglo XX, sin embargo, han demostrado que la “capacidad” o la “determinación” de combatir dependen de un conjunto de circunstancias (como la selección previa de los soldados o la cohesión del grupo y la comunicación entre sus miembros) que en el caso de Gerona están aún por estudiar.

En definitiva, para explicar porque Gerona resistió tanto, lo mejor que podemos decir a estas alturas es que la ciudad no era tanto indefendible como se ha dicho y que la “determinación” de luchar se fundamentó en una combinación de elementos diversos, entre los cuales fueron fundamentales la existencia de una base social dispuesta a hacerlo, un núcleo de tropas profesionales y una disciplina estricta que eliminó cualquier intento de disidencia. Las evidentes carencias del ejército francés hicieron el resto.

Acabado este relato, nos puede asaltar una duda. ¿Si nuestros antepasados se convencieron de que la defensa de la ciudad fue un hecho heroico que había que recordar y celebrar, qué tenemos que hacer nosotros, que sabemos que todo fue mucho más complejo? ¿O peor todavía, no será traicionar su memoria analizarlos con ojos críticos, cuestionar su “heroísmo”, dudar de su entrega? Ésta es, desde mi punto de vista, una manera equivocada de enfrentarse al tema. Tenemos que recordar que toda narración mítica -cómo lo es la versión tradicional de los asedios de Gerona-, deforma la realidad para emocionar el lector y conseguir así su aprobación para unos hechos que, si se presentaran tal como son, quizás serían rechazados. Por lo tanto, la única manera de poder valorar razonadamente unos hechos es conocerlos tan bien como sea posible. Y ésta es la tarea que nos tenemos que proponer para este bicentenario. Si en otras épocas se deformó la realidad atribuyendo a todos los gerundenses comportamientos y valores en gran parte imaginarios, lo que hay que hacer ahora es difundir con rigor lo que sabemos y poner las bases para aumentar este conocimiento.

(nota: este corrige un error en el original: col. 4, línea 44, donde dice “agosto de 1808″, debe decir “agosto de 1809″)

La guerra de setges i els seus mites

Avui diumenge, el Diari de Girona ha publicat un especial dedicat als setges gironins de 1808 i 1809. Heus aquí el text de la meva participació:

La guerra de setges i els seus mites

Genís Barnosell (professor d’història contemporània a la Universitat de Girona)


Durant la guerra de 1808 – 1814, es lliuraren a les comarques gironines un gran nombre de petites escaramusses i unes quantes batalles campals, però la característica fonamental de l’enfrontament en aquestes terres fou sens dubte la guerra de setges. La guerra de setges es produïa quan un exèrcit amb inferioritat de condicions es refugiava en una fortalesa o ciutat emmurallada per fer front a un exèrcit superior. Aleshores, aquest se situava a les afores i els convidava a rendir-se. Si això no es produïa, l’exèrcit assetjant començava l’excavació de trinxeres i la instal·lació de la seva artilleria per impedir que els assetjats poguessin sortir i per bombardejar la ciutat. Amb el bombardeig es volia acovardir els resistents, desmuntar la seva artilleria i enrunar les muralles. Una vegada assolit aquest objectiu, s’assaltava la ciutat amb la infanteria a través dels forats oberts a les muralles, fet que implicava un nombre elevadíssim de baixes per poc que a dins de la ciutat restessin quatre defensors dempeus -fet que mostra una vegada més l’enorme menyspreu que els oficials, normalment nobles o benestants, tenien per la tropa, plebea o pobra. Els assetjats, des de dins de la ciutat, intentaven endarrerir les tasques de setge, esperant que l’arribada de reforços exteriors permetés atacar els assetjants i aixecar el setge. A les comarques gironines es donaren un gran nombre de setges i, a més, un d’ells -el de Girona durant els mesos de maig i desembre de 1809– mereix ser comptat entre els més llargs de totes les guerres napoleòniques.

L’important nombre de setges que es donaren en aquells anys s’explica pel nombre de punts fortificats que protegien la tradicional ruta d’entrada a la Península: Roses (amb la seva ciutadella i el Fort de la Trinitat), Figueres (amb Sant Ferran), Girona (“clau” tradicional de la ruta), i Hostalric (a mig camí de Barcelona). Fora de Sant Ferran, cap d’aquestes fortaleses no es lliurà sense combatre i això implicà que l’exèrcit francès les hagué de prendre després d’assetjar-les i bombardejar-les. Roses resistí un primer atac el juliol de 1808 i es rendí el 6/12/1808 després d’un setge d’un mes. Girona resistí un atac el 20/6/1808 i un primer setge que tingué lloc entre el 22/7 i 17/8 de 1808, i no capitulà fins el 10 de desembre de 1809, després d’un segon setge de set mesos. Hostalric fou evacuat per la guarnició espanyola el 12/5/1810, després de resistir quatre mesos i que la vila fos saquejada el novembre de 1809. Sant Ferran caigué sense disparar cap tret el març de 1808 però fou recuperat pels resistents catalans amb un audaç cop de mà l’abril de 1811. Aleshores els francesos assetjaren el castell i el tornaren a prendre a l’agost.

Ja he dit que entre tots els setges, el que potser mereix més atenció és el de Girona de 1809, a causa de la seva llarga durada, que exigeix una explicació complexa. Per donar-la, cal parlar abans dels mites que s’han aixecat sobre aquells fets. Durant molts anys, una colla d’autors que van de Manuel Cúndaro a la primera meitat del segle XIX a Emili Grahit a finals del mateix segle, o Pla i Cargol al segle XX -o Carles Rahola en no pocs aspectes- van coincidir en una sèrie d’interpretacions que ara es demostren totalment inadequades per entendre la realitat. En síntesi, es sostenia que Girona era una plaça forta indefensable, que el poble gironí i l’exèrcit es van mostrar units tothora, i que (com a substitut de les muralles i els forts, que no eren suficients) els gironins van mostrar un coratge gairebé sobrenatural que va permetre de resistir durant molts mesos al millor exèrcit del món. Tanmateix, la realitat era prou més complexa.

Així, si bé les muralles medievals de Girona eren clarament antiquades, la geografia del lloc implicava que l’atac només fos possible per la zona del Mercadal o per Montjuïc. L’amenaça de riuades -com efectivament s’esdevingué- i el fàcil accés des del camí de Barcelona desaconsellaren als francesos de muntar la seva artilleria a la zona compresa entre Fornells i el Ter, de manera que només els restava la possibilitat d’atacar per Montjuïc. Això situava el gruix dels seus magatzems sobre la seva línia de comunicació amb França i el Ter feia de defensa contra l’enviament de reforços des del Sud, però implicava també atacar per la zona amb defenses més modernes i en un terreny on era molt complicat d’excavar trinxeres. Les tropes desplegades per l’Imperi francès, a més, no eren, ni de lluny, les millors del món. Tenien percentatges molt elevats de reclutes poc foguejats, i, per tant, amb escassa capacitat de combat. Eren més multinacionals que altres cossos d’exèrcit, i, per tant, amb dificultats de coordinació. I la rivalitat entre els seus comandaments abocaren l’ofensiva pràcticament al fracàs en diverses ocasions. A partir de l’agost de 1809, havien sofert tantes baixes i estaven tant afectades per les malalties que la seva capacitat de combat es reduí al mínim -de manera que la situació s’estabilitzà en unes taules, en què els defensors de la ciutat no tenien cap capacitat de trencar el setge, però en què els atacants no es podien arriscar a un nou assalt.

Els efectius que defensaven Girona, per altra banda, eren força reduïts (al voltant de 8.000 homes en els moments amb més efectius, per 38.000 soldats assetjants), molts amb poca experiència de combat. Hi hagué, però, dos factors que jugaren a favor seu. En primer lloc, els exèrcits atacants havien de ser sempre molt més grans que els assetjats (de tres a set vegades més grans), perquè, com ja he dit, en els assalts a les ciutats es produïa un gran nombre de baixes. En segon lloc, entre les tropes que defensaren Girona hi havia un nucli de tropes professionals que fou suficient per organitzar la defensa, instruir els novells i enfrontar-se, en els moments decisius, a aquelles unitats imperials més ben preparades. Una altra cosa ben diferent és que comptessin amb el suport unànime de la població. Més aviat, a banda dels convençuts (que també n’hi hagué, i no pocs), la “unanimitat” a la ciutat fou mantinguda amb mecanismes molt clàssics de disciplina militar -com ara aplicar la pena de mort a qualsevol desertor o “sediciós”, inclosos aquells que simplement manifestaven la voluntat de rendir-se.

Finalment, la historiografia tradicional suposava que els gironins “eren” -sense dubtes ni vacil·lacions de cap mena- coratjosos i heroics i que per això resistien tota mena de penalitats en defensa de la ciutat. Els estudis de la segona meitat del segle XX, però, han demostrat que la “capacitat” o la “determinació” de combatre depenen d’un conjunt de circumstàncies (com la selecció prèvia dels soldats o la cohesió del grup i la comunicació entre els seus membres) que en el cas de Girona ni tant sols hem començat a estudiar.

En definitiva, per explicar perquè Girona va resistir tant, el millor que podem dir a hores d’ara és que la ciutat no era tant indefensable com es deia i que la “determinació” de lluitar es va fonamentar en una combinació d’elements diversos, entre els quals foren fonamentals l’existència d’una base social disposada a fer-ho, un nucli de tropes professionals i una disciplina estricte que va eliminar qualsevol intent de dissidència. Les evidents mancances de l’exèrcit francès van fer la resta.

Acabat aquest relat, ens pot assaltar un dubte. Si els nostres avantpassats es van convèncer que la defensa de la ciutat va ser un fet heroic que calia recordar i celebrar, què hem de fer nosaltres, que sabem que tot plegat va ser prou més complex? O, pitjor encara, no serà trair la seva memòria analitzar-los amb ulls crítics, qüestionar el seu “heroisme”, dubtar de la seva entrega? Aquesta és, des del meu punt de vista, una manera equivocada d’enfrontar-se al tema. Hem de recordar que tota narració mítica -com ho és la versió tradicional dels setges de Girona-, deforma la realitat per emocionar el lector i aconseguir així la seva aprovació per a uns fets que, si es presentessin tal com són, potser serien rebutjats. Per tant, l’única manera de poder valorar raonadament uns fets és conèixer-los tant bé com sigui possible. I aquesta és la tasca que ens hem de proposar per aquest bicentenari. Si en altres èpoques es va deformar la realitat atribuint a tots els gironins comportaments i valors en gran part imaginaris, el que cal fer ara és difondre amb rigor el que sabem i posar les bases per augmentar aquest coneixement.

 

(nota: el text corregeix un error detectat en la versió original: a la 4a col. línia 44, on diu “l’agost de 1808″ ha de dir “l’agost de 1809″)

També podeu consultar l’original al recull de premsa de la UdG

Republicanisme i sindicalisme urbà a Catalunya, 1840-1931 (2008)

- Genís Barnosell, “Republicanisme i sindicalisme urbà a Catalunya, 1840-1931″, Republicans i republicanisme a les terres de parla catalana. Actes del VI Congrés de la CCEPC. Barcelona, 2, 3 i 4 de novembres de 2006, Publicacions de la Coordinadora de Centres d’Estudis de Parla Catalana, Barcelona, 2008, pp.773-785.

El text s’interroga per les relacions existents entre el republicanisme i el sindicalisme a Catalunya al llarg dels quasi 100 anys que van de 1840 a 1931. Si s’entén el republicanisme com un moviment àmpliament interclassista i no només vagament popular, i si es tenen en compte les freqüents dificultats que va trobar per ampliar la seva base social, aleshores és possible entendre les seves freqüents relacions amb el sindicalisme no només com el desplegament lògic de la seva ideologia sinó com una estratègia més d’ampliació de la seva capacitat de mobilització i de construcció d’una base social àmplia. Ara bé, lluny de constituir aquestes relacions una simple subordinació del sindicalisme al republicanisme, les relacions que s’establiren entre ambdós moviments foren complexes i, encara que canviants al llarg del temps, poden ser resumides en el binomi utilitat versus deferència. És a dir, “utilitat” que el sindicalisme esperava del republicanisme, i “deferència” que el republicanisme esperava del sindicalisme -i no cal insistir en el fet que ni l’un ni l’altre trobaren sempre el que buscaven.
A partir d’aquest plantejament, s’analitzen més concretament les relacions existents a partir de la següent periodització:
- 1840-1868: sindicalisme d’ofici i política de notables
- 1868-1918: sindicalisme d’ofici i inicis de la política de masses
- 1918-1931: sindicalisme d’indústria i política de masses republicana

La “previsión social”. Historia y futuro

Los días 3 a 5 de julio ha tenido lugar en Vitoria – Gasteiz el VI Congreso de Historia Social de España, con el tema “la previsión social en la historia”. En este congreso se han analizado las múltiples estrategias que a lo largo de la historia, pero sobre todo en los siglos XVIII-XX, se han utilizado para proporcionar seguridad a las personas ante las contingencias de la vida. Instituciones como la Iglesia, el ahorro privado, iniciativas privadas colectivas como el mutualismo, el entorno familiar más o menos extenso, algunas empresas para sus trabajadores, y, en tiempos más recientes, el Estado, han sido los principales actores que a lo largo del tiempo han prestado esta ayuda.
Sin duda, la innovación más revolucionaria de los tiempos recientes ha sido la intervención del Estado. Recaudando impuestos a través de un sistema fiscal progresivo (es decir, que hace pagar más a quien más tiene), ha podido financiar servicios para toda la colectividad -en un proceso, por lo tanto, de redistribución de riqueza.

A pesar de esta intervención estatal, no deja de sorprender la continuada vigencia de los otros mecanismos de previsión social, ya sean éstos el mutualismo o las grandes empresas para sus empleados. Así, la familia -y, especialmente, las mujeres- se ha confirmado como el gran mecanismo de atención a la gente mayor, y eso sólo empieza a cambiar ahora muy lentamente, y me temo que con límites muy claros.

Por otra parte, en algunos países europeos -no en España, donde las prestaciones públicas siempre han sido inferiores- se podía pensar hace unos años que la expansión continuada del estado acabaría sustituyendo del todo a los mecanismos no estatales de prestación de servicios. Ahora, después de la resurrección del liberalismo y de la fuerte presión fiscal que impone el sistema público, queda claro que eso no se producirá. A medio plazo, el mundo de la “previsión social” continuará siendo complejo. Con el estado como suministrador muy importante de servicios, pero con muchas otras fórmulas que lo complementen o, incluso, lo sustituyan. Cada una de estas fórmulas tiene, sin embargo, sus implicaciones, que habrá que analizar con cuidado.

La "previsió social". Història i futur

Els dies 3 a 5 de juliol ha tingut lloc a Vitòria – Gasteiz el VI Congrés d’Història Social d’Espanya, amb el tema “la previsió social a la història”. En aquest congrés s’han analitzat les múltiples estratègies que al llarg de la història, però sobretot als segles XVIII-XX, s’han utilitzat per proporcionar seguretat a les persones davant les contingències de la vida. Institucions com l’Església, l’estalvi privat, iniciatives privades col·lectives com el mutualisme, l’entorn familiar me´s o menys extens, algunes empreses per als seus treballadors, i, en temps més recents, l’estat, han sigut els principals actors que al llarg del temps han prestat aquesta ajuda.
Sens dubte, la innovació més revolucionària dels temps recents ha estat la intervenció de l’estat. Recaptant impostos a través d’un sistema fiscal progressiu (és a dir, que fa pagar més a qui més té), ha pogut finançar serveis per a tota la col·lectivitat -en un procés, per tant, de redistribució de riquesa.
Malgrat aquesta intervenció estatal, no deixa de sorprendre la continuada vigència dels altres mecanismes de previsió social, ja siguin aquests el mutualisme o les grans empreses per als seus empleats. Així, la família -i, especialment, les dones- han continuat essent el pal de paller de l’atenció a la gent gran, i això només comença a canviar ara molt lentament, i em temo que amb límits molt clars.
Per altra banda, en alguns països europeus -no pas a Espanya, on les prestacions de l’estat sempre han sigut inferiors- es podia pensar fa uns anys que l’expansió continuada de l’estat acabaria substituint del tot els mecanismes no-estatals de prestació de serveis. Ara, després de la resurrecció del liberalisme i de la forta pressió fiscal que imposa les exigències de l’estat, queda clar que això no es produirà. A mig termini, el món de la “previsió social” continuarà essent complex. Amb l’estat com a subministrador molt important de serveis, però amb moltes altres fórmules que el complementin o, fins i tot, el substitueixin. Cadascuna d’aquestes fórmules té, però, les seves implicacions, que caldrà analitzar amb cura.

La “previsió social”. Història i futur

Els dies 3 a 5 de juliol ha tingut lloc a Vitòria – Gasteiz el VI Congrés d’Història Social d’Espanya, amb el tema “la previsió social a la història”. En aquest congrés s’han analitzat les múltiples estratègies que al llarg de la història, però sobretot als segles XVIII-XX, s’han utilitzat per proporcionar seguretat a les persones davant les contingències de la vida. Institucions com l’Església, l’estalvi privat, iniciatives privades col·lectives com el mutualisme, l’entorn familiar me´s o menys extens, algunes empreses per als seus treballadors, i, en temps més recents, l’estat, han sigut els principals actors que al llarg del temps han prestat aquesta ajuda.
Sens dubte, la innovació més revolucionària dels temps recents ha estat la intervenció de l’estat. Recaptant impostos a través d’un sistema fiscal progressiu (és a dir, que fa pagar més a qui més té), ha pogut finançar serveis per a tota la col·lectivitat -en un procés, per tant, de redistribució de riquesa.
Malgrat aquesta intervenció estatal, no deixa de sorprendre la continuada vigència dels altres mecanismes de previsió social, ja siguin aquests el mutualisme o les grans empreses per als seus empleats. Així, la família -i, especialment, les dones- han continuat essent el pal de paller de l’atenció a la gent gran, i això només comença a canviar ara molt lentament, i em temo que amb límits molt clars.
Per altra banda, en alguns països europeus -no pas a Espanya, on les prestacions de l’estat sempre han sigut inferiors- es podia pensar fa uns anys que l’expansió continuada de l’estat acabaria substituint del tot els mecanismes no-estatals de prestació de serveis. Ara, després de la resurrecció del liberalisme i de la forta pressió fiscal que imposa les exigències de l’estat, queda clar que això no es produirà. A mig termini, el món de la “previsió social” continuarà essent complex. Amb l’estat com a subministrador molt important de serveis, però amb moltes altres fórmules que el complementin o, fins i tot, el substitueixin. Cadascuna d’aquestes fórmules té, però, les seves implicacions, que caldrà analitzar amb cura.

Viure i treballar al segle XIX, 1793-1900 (2008)

Genís Barnosell, “Viure i treballar al segle XIX, 1793-1900″, a Jesús M. Gutiérrez, coord. Història de la Garrotxa, Vol. V de la Història de les Comarques Gironines, Girona: Diputació de Girona, 2008, pp.465-514.

Es fa un estat de la qüestió sobre la història econòmica i social d’aquesta comarca al llarg del segle XIX. S’analitza, en primer lloc, l’evolució de la població en una comarca que creix modestament, en comparació al conjunt català, entre 1787 i 1857, mentre que a partir d’aquesta data perd població en termes absoluts. La crisi es va notar primer en els municipis més tèxtils per estendre’s després a tota la comarca -en un context, però, ben diferent de l’actual, ja que les zones més muntanyoses agruparen sempre prop de la meitat de la població de tota la comarca.

Pel que fa a l’activitat econòmica, el primer que cal destacar és que la gran majoria de la població (al voltant del 70% de la població activa masculina) es va dedicar sempre a l’agricultura. La indústria -el sector pel qual la comarca és més coneguda i que tenia sens dubte funcions molt clares d’arrossegament sobre el conjunt de l’economia- n’agrupava el 16-17%, i els serveis, entre el 7 i el 10%. Pel que fa a la indústria, els dos grans sectors, per capital fix invertit, eren el tèxtil i la mòlta tradicional de gra, si bé el primer va ocupar sempre molts més treballadors i era molt més dinàmic. El text ressegueix la cronologia de la crisi dels diferents subsectors tèxtils, l’impacte sobre l’ocupació masculina i femenina, i n’analitza les causes, més enllà de l’explicació tradicional basada en l’aïllament de la comarca. Entre aquests altres factors se citen la disponibilitat de recursos energètics, els costos del transport, l’endarreriment acumulat al primer terç del segle XIX, la dimensió de les unitats productives i les seves dificultats per accedir al mercat. A banda, es fa un repàs a l’evolució dels principals conreus de la comarca i es dóna una ullada al sector serveis.

En segon lloc, l’article analitza els gremis, germandats i sindicats existents a la zona. Es relaten les associacions de socors mutus existents a Olot en 1867/68, la majoria de les quals es trobaven vinculades a un sol ofici i que tenien els seus origens en les germandats i gremis de començaments del segle XIX. Més concretament, es mostren també els comptes de la germandat de teixidors entre 1827 i 1863, per veure com, malgrat la crisi, es mantingué la seva importància. Per altra banda, s’expliquen les activitats dels sindicats en els anys 1840-43, 1854-56 i després de 1868, i s’esmenten algunes de les relacions existents entre un tipus i altres d’organitzacions (si bé una anàlisi detallada d’aquest tema es deixa per un altre treball). Finalment, en el marc de l’activitat sindical i de l’evolució de la indústria tèxtil se suggereixen algunes de les claus interpretatives que hauria de tenir qualsevol anàlisi del ludisme.

En definitiva, a més d’una descripció dels principals trets de la història econòmica i social de la Garrotxa, es plantegen algunes qüestions claus de l’anàlisi del segle XIX, especialment, la qüestió de la no linealitat del progrés econòmic i les estratègies dels treballadors i petits artesans per fer front a les contingències laborals i de salut de les seves vides.

Catalunya i l'estat asimètric

La política espanyola recent es fonamenta sovint en un grapat d’il·lusions i miratges que tenen escassa correspondència amb la realitat. Una d’aquestes il·lusions -alimentada amb esforç i tenacitat per aquells que creuen que se’n beneficiaran- és que els catalans són els fonamentals enemics de la igualtat que se suposa que existeix entre tots els ciutadans i ciutadanes d’Espanya. D’aquesta qüestió, aplicada a l’ambit fiscal i polític, és del que escric a “Catalunya i l’estat asimètric“, publicat a El Punt, 9/7/2008.
Catalunya i l’Estat asimètric

Catalunya, tot i que continua essent un territori dinàmic, no està especialment ben situada en aquest joc d’asimetries que constitueix l’Espanya actual malgrat que l’opinió pública i publicada pensin o facin veure que pensen el contrari

tribuna
Professor d’història contemporània a la Universitat de Girona

GENÍS BARNOSELL.

Un dels arguments més habituals en el debat actual sobre el finançament de les comunitats autònomes és que qualsevol mesura aplicada a una comunitat autònoma ha de poder ser ampliada a la resta. Les solucions «asimètriques» -aquelles que no són iguals per a tothom-, es diu, no són ni viables ni justes. I tanmateix, l’Estat espanyol és veritablement asimètric -en una situació que es justifica amb raons històriques, geogràfiques i polítiques.

La més comentada de les asimetries espanyoles és la del País Basc i Navarra. Com assenyalava orgullosament el lehendakari Ibarretxe arran de la publicació, el 2002, de la llei de renovació del concert econòmic, «no hi ha en tota la Unió Europea, ni tan sols en els estats federals o amb una major descentralització, cap cas com el de la comunitat autònoma Basca -i la comunitat foral de Navarra-, en què unes entitats diferents dels propis Estats tinguin capacitat per regular el conjunt del sistema tributari i la pràctica totalitat de les figures impositives que constitueixen aquest sistema». És aquest un sistema de pràctica «independència fiscal» (en expressió d’El País) que -continuant amb el que escrivia el lehendakari- és justificat amb arguments historicistes: es tracta d’un «pacte» «bilateral» amb «Espanya» que reconeix una realitat històrica, una sobirania, anterior, no ja només a la Constitució sinó a la mateixa «construcció de l’Estat espanyol unitari». La referència a Navarra no és sobrera. Allà el llenguatge és diferent. La web del govern navarrès, en mans de la Unió del Poble Navarrès-Partit Popular, s’acontenta a assenyalar que el «conveni econòmic» es fa entre Navarra i «l’Estat» -i deixa de banda, per tant, la ficció que la comunitat autònoma no forma part d’Espanya-. Tampoc s’insisteix en la bilateralitat. Però els arguments de fons són els mateixos: l’origen es troba en la llei, «paccionada», de 1841 «mitjançant la qual el Vell Regne s’incorporà a l’estructura de l’Estat conservant la seva capacitat per a establir els seus tributs», i la Constitució Espanyola no fa més que «respectar i emparar els drets històrics de Navarra». Els resultats, també ho són.

Menys conegut, el règim fiscal canari inclou un conjunt d’incentius fiscals que en la seva darrera renovació (2007) injectarien a l’economia canària més de 7.000 milions d’euros de benefici fiscal i que, segons Coalició Canària, suposen «el màxim nivell d’ajudes possibles en aquests moments, amb mecanismes nous potentíssims» que «no té cap altre territori ni tan sols d’Europa». Segons el Ministeri d’Economia i Hisenda, és un sistema propi de l’«acervo histórico» de Canàries -és a dir, que forma part d’un conjunt de béns morals i culturals acumulats històricament- i reconegut constitucionalment, basat en la llibertat comercial d’importació i exportació, en la no aplicació de monopolis i en franquícies duaneres i fiscals sobre el consum. Així mateix, la «localització geogràfica» de Ceuta i Melilla justifica, segons el Ministeri d’Economia i Hisenda, «un règim fiscal especial» que, entre altres mesures, suposa la bonificació del 50% de la quota corresponent als rendiments generats a les dues ciutats.

També podríem parlar del curiós repartiment de les competències d’educació. O de l’existència només a Catalunya i al País Basc de policies autonòmiques. Tanmateix, l’altra gran asimetria la constitueix Madrid. Certament, en el nostre entorn cultural les capitals assumeixen papers molt rellevants en tots els estats. Però que això sigui habitual no vol dir que sigui «natural». Ans al contrari, la qüestió és que les decisions polítiques afavoreixen unes ciutats per sobre d’unes altres. Així, a Madrid s’hi concentren les principals institucions de l’Estat, gaudeix d’una taxa d’execució dels pressupostos estatals elevadíssima i francament infreqüent a la resta de comunitats autònomes, continua organitzant les grans infraestructures en profit propi, i, en temps de globalització i de terciarització, concentra bona part de les seus d’empreses multinacionals, que ja no necessiten estar prop de les matèries primeres o de la producció, sinó a prop del poder per influir-hi. Analitzant l’estructura radial dels trens espanyols del segle XIX, que començaven tots a Madrid, un gran historiador com Josep Fontana ha ironitzat tot dient que aquests trens no podien portar del centre altra cosa que exemplars de la Gazeta (o sigui, del BOE de l’època). Ara el TAV també es construeix de la mateixa manera, però Madrid ja no és la ciutat improductiva que era sinó un gran centre econòmic amb aspiracions de ser un dels nusos del món en xarxa del segle XXI, quan Barcelona no pot ni somniar-ho.

Malgrat que Catalunya continua essent un territori dinàmic i que té grans potencialitats, no està especialment ben situada en aquest joc d’asimetries que constitueix l’Espanya actual, malgrat que amplis sectors de l’opinió pública i publicada pensin o facin veure que pensen el contrari. Com a comunitat de règim comú, finança bona part de la «solidaritat» de l’Estat. Però no sembla que l’Estat espanyol estigui gaire disposat a impulsar la multipolaritat econòmica, sinó que en gran part continua apostant per la unipolaritat, centrada a Madrid, mentre que les reivindicacions catalanes són cada vegada més mal vistes. I res de tot això sembla que hagi de canviar a curt o mitjà termini. Sabrà, o podrà, Catalunya desenvolupar els mecanismes necessaris per garantir el benestar de la seva ciutadania i mantenir la seva posició capdavantera, almenys a Espanya?

Catalunya i l’estat asimètric

La política espanyola recent es fonamenta sovint en un grapat d’il·lusions i miratges que tenen escassa correspondència amb la realitat. Una d’aquestes il·lusions -alimentada amb esforç i tenacitat per aquells que creuen que se’n beneficiaran- és que els catalans són els fonamentals enemics de la igualtat que se suposa que existeix entre tots els ciutadans i ciutadanes d’Espanya. D’aquesta qüestió, aplicada a l’ambit fiscal i polític, és del que escric a “Catalunya i l’estat asimètric“, publicat a El Punt, 9/7/2008.
Catalunya i l’Estat asimètric

Catalunya, tot i que continua essent un territori dinàmic, no està especialment ben situada en aquest joc d’asimetries que constitueix l’Espanya actual malgrat que l’opinió pública i publicada pensin o facin veure que pensen el contrari

tribuna
Professor d’història contemporània a la Universitat de Girona

GENÍS BARNOSELL.

Un dels arguments més habituals en el debat actual sobre el finançament de les comunitats autònomes és que qualsevol mesura aplicada a una comunitat autònoma ha de poder ser ampliada a la resta. Les solucions «asimètriques» -aquelles que no són iguals per a tothom-, es diu, no són ni viables ni justes. I tanmateix, l’Estat espanyol és veritablement asimètric -en una situació que es justifica amb raons històriques, geogràfiques i polítiques.

La més comentada de les asimetries espanyoles és la del País Basc i Navarra. Com assenyalava orgullosament el lehendakari Ibarretxe arran de la publicació, el 2002, de la llei de renovació del concert econòmic, «no hi ha en tota la Unió Europea, ni tan sols en els estats federals o amb una major descentralització, cap cas com el de la comunitat autònoma Basca -i la comunitat foral de Navarra-, en què unes entitats diferents dels propis Estats tinguin capacitat per regular el conjunt del sistema tributari i la pràctica totalitat de les figures impositives que constitueixen aquest sistema». És aquest un sistema de pràctica «independència fiscal» (en expressió d’El País) que -continuant amb el que escrivia el lehendakari- és justificat amb arguments historicistes: es tracta d’un «pacte» «bilateral» amb «Espanya» que reconeix una realitat històrica, una sobirania, anterior, no ja només a la Constitució sinó a la mateixa «construcció de l’Estat espanyol unitari». La referència a Navarra no és sobrera. Allà el llenguatge és diferent. La web del govern navarrès, en mans de la Unió del Poble Navarrès-Partit Popular, s’acontenta a assenyalar que el «conveni econòmic» es fa entre Navarra i «l’Estat» -i deixa de banda, per tant, la ficció que la comunitat autònoma no forma part d’Espanya-. Tampoc s’insisteix en la bilateralitat. Però els arguments de fons són els mateixos: l’origen es troba en la llei, «paccionada», de 1841 «mitjançant la qual el Vell Regne s’incorporà a l’estructura de l’Estat conservant la seva capacitat per a establir els seus tributs», i la Constitució Espanyola no fa més que «respectar i emparar els drets històrics de Navarra». Els resultats, també ho són.

Menys conegut, el règim fiscal canari inclou un conjunt d’incentius fiscals que en la seva darrera renovació (2007) injectarien a l’economia canària més de 7.000 milions d’euros de benefici fiscal i que, segons Coalició Canària, suposen «el màxim nivell d’ajudes possibles en aquests moments, amb mecanismes nous potentíssims» que «no té cap altre territori ni tan sols d’Europa». Segons el Ministeri d’Economia i Hisenda, és un sistema propi de l’«acervo histórico» de Canàries -és a dir, que forma part d’un conjunt de béns morals i culturals acumulats històricament- i reconegut constitucionalment, basat en la llibertat comercial d’importació i exportació, en la no aplicació de monopolis i en franquícies duaneres i fiscals sobre el consum. Així mateix, la «localització geogràfica» de Ceuta i Melilla justifica, segons el Ministeri d’Economia i Hisenda, «un règim fiscal especial» que, entre altres mesures, suposa la bonificació del 50% de la quota corresponent als rendiments generats a les dues ciutats.

També podríem parlar del curiós repartiment de les competències d’educació. O de l’existència només a Catalunya i al País Basc de policies autonòmiques. Tanmateix, l’altra gran asimetria la constitueix Madrid. Certament, en el nostre entorn cultural les capitals assumeixen papers molt rellevants en tots els estats. Però que això sigui habitual no vol dir que sigui «natural». Ans al contrari, la qüestió és que les decisions polítiques afavoreixen unes ciutats per sobre d’unes altres. Així, a Madrid s’hi concentren les principals institucions de l’Estat, gaudeix d’una taxa d’execució dels pressupostos estatals elevadíssima i francament infreqüent a la resta de comunitats autònomes, continua organitzant les grans infraestructures en profit propi, i, en temps de globalització i de terciarització, concentra bona part de les seus d’empreses multinacionals, que ja no necessiten estar prop de les matèries primeres o de la producció, sinó a prop del poder per influir-hi. Analitzant l’estructura radial dels trens espanyols del segle XIX, que començaven tots a Madrid, un gran historiador com Josep Fontana ha ironitzat tot dient que aquests trens no podien portar del centre altra cosa que exemplars de la Gazeta (o sigui, del BOE de l’època). Ara el TAV també es construeix de la mateixa manera, però Madrid ja no és la ciutat improductiva que era sinó un gran centre econòmic amb aspiracions de ser un dels nusos del món en xarxa del segle XXI, quan Barcelona no pot ni somniar-ho.

Malgrat que Catalunya continua essent un territori dinàmic i que té grans potencialitats, no està especialment ben situada en aquest joc d’asimetries que constitueix l’Espanya actual, malgrat que amplis sectors de l’opinió pública i publicada pensin o facin veure que pensen el contrari. Com a comunitat de règim comú, finança bona part de la «solidaritat» de l’Estat. Però no sembla que l’Estat espanyol estigui gaire disposat a impulsar la multipolaritat econòmica, sinó que en gran part continua apostant per la unipolaritat, centrada a Madrid, mentre que les reivindicacions catalanes són cada vegada més mal vistes. I res de tot això sembla que hagi de canviar a curt o mitjà termini. Sabrà, o podrà, Catalunya desenvolupar els mecanismes necessaris per garantir el benestar de la seva ciutadania i mantenir la seva posició capdavantera, almenys a Espanya?

Follow

Get every new post delivered to your Inbox.